ALGUIEN ORDINARIO PONIENDO EN ORDEN SU CABEZA PARA DESPEDIRSE DEL AÑO

Juan M. Fernández ChicoNo soy politólogo. A veces, también, no me siento lo suficientemente capaz de escribir algo que tenga sentido. Ni siquiera me siento como Michel Foucault cuando, citado por Gilles Deleuze, dijo que sólo había escrito ficciones. Porque incluso en esas ficciones, dice, había cierta verdad. No tengo la capacidad de ver mi entorno y pensarlo con mucha profundidad. De hacer el gran cierre de una larga discusión. De esas que suenan con cierto touché que termina con un bombo y un platillo. Soy más bien un tipo normal. Aburrido. Monótono. Un obsesivo con el orden. Que debe estar seguro que en sus dos cajones para guardar plumas, tienen la misma cantidad. Soy más el tipo que se quita de la foto a tiempo para no salir. Que le da vergüenza reclamarle a quien le chocó en un accidente automovilístico y que disfruta peleándose con los empleados de Telmex y Gas Natural cuando es necesario.

No soy muy profundo en mis reflexiones, ni leo tantos libros como quisiera al año. De diez chistes, siete suelen ser muy malos. Tengo mal gusto para elegir la película del cine, y nunca sé cómo combinar las camisas con los pantalones. Sufro de colitis nerviosa y sinusitis en cambio de estación. Me molestan más cosas del país de las que estoy dispuesto a cambiar. Soy de los que saben que algo anda mal, pero nunca sabe qué. Que se queja con los amigos de los grandes problemas del mundo. Que grita en la almohada, que golpea la pared, que llora cuando un chico con síndrome de Down grita de emoción porque lo aceptaron en la universidad.
No soy periodista, ni soy un pensador ilustre, y mucho menos me recordarán, una vez que haya muerto, por mis grandes palabras de inspiración. A veces, como una vez dijo un amigo, creo que me he convertido en el tipo de persona que mi mamá no le hubiera gustado que me juntara. O como esa frase de Groucho Marx: nunca aceptaría estar en un club en donde aceptaran a gente como yo.
Cuando llega el fin de un año, normalmente soy de los que lo piensa con cierta melancolía. Siento que todo pudo ser un poco mejor. Que pude empujar más, esforzarme más, quitarme la pereza más seguido, levantarme más temprano, trabajar más. Soy más de esos que vive arrepintiéndose de todo. Me arrepiento incluso de no arrepentirme. Cuando veo que un año se va, trato de agarrarlo de la manga para que no escape. Pero al final se escapa. Siempre se escapa.
Pero que se escape no es malo. Porque cuando te deja solo, te piensas, y luego piensas el universo que habitas, lo intentas desarmar para darle sentido a ese montón de cosas tiradas al azar.
Hoy tal vez me mueva más lento, pero siento que más seguro. Como decía el flaco Menotti: corro menos, pero corro mejor. Porque finalmente, el pasar de los años es sólo la sensación de que nos movemos. A veces sin saber bien a dónde, pero lo hacemos. Y moverse siempre es arriesgarse, y arriesgar es siempre poner las cosas a tu favor.

Juan Manuel Fernández Chico es co-fundador del Colectivo Vagón y director de la película El Heroe. JuárezDialoga lo ha invitado a participar por su compromiso con el trabajo colectivo en el quehacer artístico en Ciudad Juárez.

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