ASARCO, QUÉ SIGNIFICA PARA NOSOTR@S?

Escribo esta nota unas horas antes de que la torre de Asarco sea destruida con un costo millonario para la población fronteriza tan necesitada de recursos y de protección para su salud. Comento con mi esposo lo preocupada que estoy por la contaminación y movimientos telúricos que va a crear la demolición y él trata de tranquilizarme. Me pesa aun más el asunto al percibir que, como siempre, quienes tienen el poder continúan haciendo creer a los fronterizos que no pasa nada, que la emisión de humos mortíferos, la contaminación del agua, la cubierta de plomo sobre nuestros techos no tiene nada que ver con los miles de casos de cáncer, malformaciones genéticas, afecciones respiratorias, y otras enfermedades y decesos.

Llegan a mi mente y a mi corazón las décadas de trabajo de tantos mexicanos que trabajaron, vivieron y murieron para producir la riqueza de los dueños transnacionales de esa empresa desde finales del siglo XIX. Cuántos niños, adolescentes y hombres laboraron arduamente en la empresa multimillonaria para apenas sostener a sus familias. Cuántos más inhalaron los contaminantes e impregnados de substancias químicas llevaron entre su ropa los cancerígenos al llegar a su casa y su familia. Recuerdo los casos de los niños que no nacieron porque sus madres enfermaron, o los que nacieron en ambos lados de la frontera con enfermedades dolorosas para morir a temprana edad. En mi memoria están los expedientes que leí como secretaria legal y que ya nadie abre porque las víctimas han carecido siempre de dinero para sostener sus demandas y para que nuestra sociedad se preocupe por ellos.

La tercera centuria que abarca la Asarco no es más prometedora. La institución encargada de supervisar nuestro medio ambiente, “Environmental Protection Agency”, a nivel federal, afirmó que la empresa que recibió dinero para limpiar de contaminantes el lugar una vez que se cerró la Asarco no realizo un trabajo a fondo. Sin embargo algunos miembros del cabildo de El Paso, incluido el ahora senador Robert O’Rourke, firmaron de recibido el reporte y no quisieron indagar más ni se preocuparon por los moribundos trabajadores que aún quedan y que siguen sufriendo enfermedades dolorosas sin reparación debida, ni por otros residentes en la misma situación ahora o los que sufrirán en el futuro ese destino.

La Asarco siempre fue un pozo sacrificial al que se arrojaron niños y adultos trabajadores, bebés en gestación, vecinos y todos aquellos que estuvieron en contacto con sus procesos venenosos. Y su cierre es hoy justificación para que los ricos trasnacionales acumulen aún mayores riquezas y los pobres, en ambos lados de la frontera, prosigan su camino hacia niveles más bajos de pobreza y enfermedad. No es casualidad que entre las víctimas del ejército en Cd. Juárez, las primeras fuesen algunos hombres jóvenes de familias activistas que buscaban justicia para las inmolados por la contaminación. Los soldados arrasaron sus casas y se llevaron a los hombres alegando, sin juicio previo u orden de arresto, que estaban inmiscuidos en tráfico de drogas. Cualquier intento de activismo ambiental fue ya detenido con ese acoso.

Los medios de comunicación se han unido en gran parte al esfuerzo por silenciar las injusticias. Sin mayor indagación han retratado a los activistas en El Paso como los que “a todo dicen que no sin proponer nada a cambio.” En realidad los activistas siempre han solicitado que se cree un verdadero centro de investigación. Además de evaluar los efectos contaminantes, crear proyectos que nulifiquen los agentes de enfermedades, el centro nos hubiera puesto a la cabeza en diversos campos tecnológicos, científicos y humanísticos. Mientras los agentes de la ciudad de El Paso afirman que desean el progreso y que van traer trabajos con su construcción de parques de entretenimiento, que están fuera del alcance del bolsillo de muchos, el hecho es que el tipo de trabajos ofrecido es de salarios mínimos sin prestaciones y sin futuro ascenso.

El Paso y Cd. Juárez necesitan garantizar la salud de sus habitantes, necesitamos preservar nuestro medio ambiente, pero también requerimos fuentes de trabajo que sean dignas, que requieran de técnicos y profesionistas formados en nuestras universidades. Un centro de investigación daría oportunidades académicas e intelectuales a nuestros jóvenes y los capacitaría para partir de aquí hacia otros focos de investigación a nivel internacional. Esa es la solución a largo plazo que se propuso. En cambio, nos quedamos con un lago subterráneo de aguas podridas por la avaricia de aquellos que enfermarán de todas maneras con nosotros. Después de todo la voz de las activistas pretendía salvar el agua y el aire para todos, aun para esos que no podrán respirar ni comerse su dinero cuando la contaminación los alcance.

JuárezDialoga invita para colaborar a Selfa Chew por su compromiso con la sociedad civil organizada, tanto de Ciudad Juárez como de El Paso, Texas. Ella es Doctora en Historia y Catedrática en la Universidad de Texas en El Paso. Es poeta y autora de Azogue en la Raíz, (Ediciones Eón, 2006) y Mudas las Garzas (Ediciones Eón, 2007).

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