DEFENSORAS DE LOS DERECHOS MUJERES ES UN QUEHACER HUMANO

Por Verónica Corchado Espinoza

Saludo con afecto a mis compañeras, colegas, defensoras y amigas.

En el marco del 25 de noviembre de 2012 es importante recordar aquel encuentro de mujeres de toda  América latina y el Caribe celebrado en Bogotá Colombia en 1981. Allí las mujeres realizaron una denuncia pública respecto a las violencias cometidas sistemáticamente, desde agresiones domesticas a violaciones, tortura sexual y hostigamiento de Estado.

La denuncia política realizada por las mujeres representantes de toda América Latina y El Caribe en este encuentro, fue reconocido oficialmente en 1999 por las Naciones Unidas como el Día Internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres, en recuerdo de las hermanas Mirabal asesinadas un 25 de noviembre de 1960 por la dictadura de Rafael Trujillo en la República Dominicana, donde se convierten en un referente del autoritarismo y violencia hacia las mujeres al igual que en el resto de América Latina.

Hoy como entonces nuestra agenda está vigente, poderosamente femenina y es eminentemente política. En Ciudad Juárez la defensoría de derechos humanos tiene rostro de mujer, esa es su fortaleza y su mayor desafío; primero porque hemos logrado constituirnos en un sector fuerte y reconocido con una agenda política sobre los derechos de las Mujeres y lo segundo porque creo que tenemos el gran reto, de que más mujeres vean en nosotras una opción para su vida, y esto se traduzca en nuevos cuadros para nuestros movimientos, nuevas gestiones, nuevas visiones y modos de hacer las cosas.

Vivimos una realidad que no podemos simular. Más allá de la manera en que las mujeres activistas y defensoras de derechos humanos nos reconozcamos defensoras (eso es un proceso) lo cierto es que hemos hecho muchas cosas, algunas de manera organizada en colectivo, otras a bote pronto por la coyuntura, pero siempre reflexivas ante las  expresiones vecinales de repudio por las injusticias y altos índices de impunidad, que se cuentan por miles en las comunidades y para las cuales no hay maneras de reparación de daño posibles hasta ahora.

Defender nuestros derechos humanos y los derechos humanos de las mujeres en lo especifico tiene profundas raíces en la gestión de servicios públicos en colonias empobrecidas, parques, calles, acciones simbólicas y mejoras comunitarias que nos permitieron avanzar hacia planteamientos más complejos, análisis de la realidad que favorecieron movilizaciones sociales, creación de organizaciones, y acciones de resistencia que evidenciaran la violencia, la impunidad, la falta de acceso a la justicia y la falta de gobernabilidad; causa profunda que vulnera y empobrece la vida de las mujeres.

Nuestra indignación al inicio de la llamada guerra contra el narcotráfico en 2008 nos llevo a la acción articulada de manera permanente. Entendemos que no solo basta con acciones hacia la comunidad, sino girar de manera decisiva (vuelta de timón) para articular la exigencia hacia las autoridades omisas y corruptas. Evidenciamos la guerra inútil y sin sentido frente a gobernantes inútiles, electoreros, y negociantes de los recursos públicos para sus fines privados.

Algunas acciones que hemos realizado articuladamente son:

Marzo 2007. XV años de feminicidio documentado en Juárez. Exigimos a través de  pronunciamientos, marchas y pintas de cruces, presupuestos y servicios para las mujeres. Recordar-nos el incumplimiento, la indolencia de las autoridades.

Marzo. 2008. Lanzamos una declaratoria de solidaridad permanente que fue firmada por más de 30 organizaciones a nivel local, esta actividad fue el marco desde cuál realizamos una serie de acciones de resistencia y documentación de casos de violaciones a derechos humanos. El miedo y la desesperación nos trastocaba. Podríamos afirmar que todas las organizaciones las OSC que realizaban trabajo comunitario les toco atender situaciones relacionadas con: tortura, amenazas, desaparición forzada, agresiones, extorsión, búsqueda de familiares desaparecidos, etc. Nos toco a todas ir venciendo nuestros propios miedos para enfrentar el momento de la Ciudad. Cada vez nos sorprendíamos más con lo que estaba pasando…

2009. Como dice nuestra amiga poeta Armine Arjona: “Juárez tan llena de sol y desolada”. Fueron los tiempos de mayor miedo a reaccionar. Como estrategia un tanto inconsciente nos colocamos diseminadas acompañando a jóvenes y sus dolencias, a otras mujeres, intentando calmar sus angustias y las nuestras. Necesitábamos entender y elevar la denuncia.

Enero. 2010. Alzar la voz represento un riesgo latente, el asesinato de Marisela Escobedo, amenazas, hostigamiento a compañeras, espacios vulnerados como el de Casa Amiga, Centro de Derechos Humanos Paso del Norte, Red Mesa de Mujeres, por mencionar solo algunos. No olvidamos los intentos de desacreditar nuestro trabajo por parte de los poderes fácticos en nuestra Ciudad.

Enero 2011. Ante los asesinatos de jóvenes en Villas de Salvacar realizamos las  primeras “Jornadas Camino a la Justicia”, coincidimos en que por más inversión que hubiera si no se resolvía el tema de Justicia nada tendría sentido. La sangre seguiría llenando nuestras calles. A una sola voz “Primero la Justicia, Nada en Juárez sin Justicia” era nuestra posición política. Logramos reunir a más de 50 líderes, activistas en una serie de acciones de resistencia. La Ciudad más violenta del mundo nos sonaba cosa conocida, pero el dialogo estrechaba los lazos fraternos entre  organizaciones y defensoras, mismo que permanece y trasciende.

2012. Activistas, defensoras y organizaciones hemos apostado a la articulación no sólo de nuestro quehacer que eso es bastante, sino a fortalecer y gestionar una agenda de Ciudad que no invalide los esfuerzos particulares y que sí potencie los espacios de diálogo, articulación y acuerdos para la incidencia.

Hemos aprendido a Nombrar nuestras causas desde nuestras propias palabras, acompañándonos y velando por nuestra propia seguridad y la de los nuestros. Afirmarse Defensora no es una decisión sencilla, implica clarificar el rumbo de nuestra existencia. Nuestro reconocimiento a mujeres valientes y comprometidas con diversos temas que dignifican la vida en Juárez, muchas de ellas anónimas y clandestinas. Como olvidar otras mujeres que se  nombran en boca de sus madres, hijas, maestros, familiares, amigos, que igual han sido asesinadas o están desaparecidas. Ellas están presentes en nuestro quehacer cotidiano, y esperamos que estén cada vez en el imaginario colectivo, porque sólo así podremos aspirar a no repetir esta historia de agravio a los derechos de las mujeres juarenses.

Presentes en nuestra  memoria colectiva, de humanidad y amorosidad tengamos a: Esther Chavez Cano, Irma Campos, Marisela Escobedo, Susana Chávez, Josefina Reyes, las cuales recordamos como mujeres de lucha y esperanza.

A las autoridades les digo.

Seguiremos nombrándoles responsables de la violencia feminicida mientras no sean efectivos los mecanismos de prevención y erradicación de las violencias. Nada en Juárez sin Justicia.

Seguiremos acompañando procesos comunitarios, desde allí la protesta y propuesta están vigentes siempre cómo un derecho que tenemos de proponer, exigir y vigilar que las cosas se hagan bien y en beneficio de la comunidad, en específico de  las mujeres.

En un contexto donde la violencia es evidente en todos los niveles de la vida privada y pública consideramos necesario e impostergable que las mujeres participemos en los espacios de toma de decisiones. Ni debe extrañarles, ni debe impedirse, antes bien debe potenciarse.

Seguiremos tomando la calle, no importa la cantidad sino la expresión de resistencia al olvido. NO al olvido. Cada vez seremos más, saldremos a marchar para no darnos por vencidas. Las calles son de la comunidad no del gobierno en turno, no de las mafias, no de los partidos. Salimos para gritar que no creemos en la retórica gubernamental de que las cosas van mejorando hasta en tanto las condiciones de seguridad para las mujeres estén presentes en Juárez.

Estaremos presentes y dialogantes en los espacios de toma de decisiones porque es nuestro derecho, NO aceptamos la cerrazón de funcionarios y seguiremos evidenciando su indolencia.

Aprendemos y analizamos la realidad una y otra vez, asesoramos, litigamos, enseñamos, procesamos información, y estudiamos. porque creemos y sabemos a ciencia cierta que los políticos tienen obligaciones y responsabilidades sobre lo que aquí pasa y que nuestro silencio los fortalece y nuestra exigencia abre fisuras que los debilita y/o los obliga a  trabajar con eficiencia y de manera expedita, por eso les pagamos.

Afirmándonos derecho humanistas. 

Las defensoras de derechos humanos asumidas o no, mujeres y hombres inconformes ante ésta realidad tan aplastante, activistas asumidas o no, que luchan por la utopía de otro mundo posible, mujeres-madres que han enfrentado situaciones tan traumantizantes como la ausencia de sus seres queridos llamase hija-s, pareja, hermano sea de carne o de la vida y que asumen con dignidad la difícil tarea de exigir verdad y justicia, mujeres y hombres que desde trincheras particulares sostienen la salud y animan el desarrollo social y cultural en Juárez, mujeres y hombres que luchan por los derechos sexuales y reproductivos y por la diversidad de mujeres que estamos aquí luchando siempre, declarémonos defensoras de derechos humanos.

Defensoras habitando Juárez aún así desde nuestras propias contradicciones, haciendo vida a contracorriente de la violencia y del dolor como una exclamación cotidiana de dignidad, resistencia  y esperanza. Vivir en Juárez para nuestro trabajo como defensoras de derechos significa un alto riesgo, es ir más allá de lo personal, lo familiar y a ratos íntimo, es arrebatar, es hacer presencia, es estar en la disputa del espacio público haciéndolo, constituyendo en nodos para trabajar lo público desde donde se hilvanan respuestas a los agravios, articulaciones sonoras del ya basta!  Pronunciadas por diferentes colectivos, asociaciones  y mujeres en lo individual. Esferas, a ratos fugaces, a ratos redes tejidas pacientemente por años de lucha espacios construidos entre todas, entre muchos; espacios que articulan demandas y esperanzas en proyectos, exigencias frente a la violencia escondida, que aparece y reaparece, frente a la violencia institucional, frente a la impunidad, frente a la corrupción, frente a otra violencia, la verbal y desmedida de muchos políticos: esferas que están construyéndose para mostrar los modos de recuperar-nos en Juárez con coraje y dignidad.

Vivir en Juárez nos da para mucho. Antes de cualquier cosa en espera de la Justicia.

JuárezDialoga ha invitado por su gran compromiso con los más vulnerables de Ciudad Juárez e inumerables causas justas aVerónica Corchado Espinoza. Ella es activista y derechohumanista. Fundadora de la organización Colectiva: arte, comunidad y equidad A.C. 

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