EL DIFÍCIL PROCESO DE LOS PROCESOS EN CIUDAD JUÁREZ. ¿POR DÓNDE COMENZAR Y HACIA DÓNDE IR?

La peor idea que se nos podría ocurrir en un momento de crisis como el que atraviesa Juárez, es el de pensar en su imagen. Esta proyección a corto plazo en donde se quiere mostrar de manera pública muchas veces algo que no existe, es tan útil, como diría Alan Moore en su novela gráfica Los vigilantes, como la fotografía de un tanque de oxigeno a alguien que se está ahogando en el mar. Pensar en cómo nos ven en otros lugares, si somos competitivos o no en comparación a no sé bien quién, o si hemos bajado escaños en la ciudad más peligrosa del país, nos hace olvidarnos de otras responsabilidades y objetivos más esenciales. Que para ser competitivos primero debemos de apostar en lo que hacemos y en el cómo lo hacemos, después, cuando las cosas marchen bien, sacar el pastel por la ventana para que la gente lo huela.

Siempre he sido un defensor de los procesos. Los procesos son como cuentos en donde todo transcurre con claridad. Iniciamos desde cosas específicas que poco a poco se van mostrando en planos más generales. Es como caminar, o como andar el bicicleta, o como aprender a tocar la guitarra, o bailar break dance. A veces los procesos son más complejos, incluso lentos, pero necesarios. Es como invitar a alguien a ver tu rompecabezas armado cuando todavía no lo sacas de la caja. Los procesos permiten las construcciones, ya sea de casas, barcos o ciudades. No se puede saber algo que no se ha aprendido. Así de simple.

En términos específicos, se debería invertir más en grupos artísticos locales, darle un empujón a las diferentes instituciones formativas para que no sólo hagan ejércitos de trabajadores para industrias que históricamente han saqueado a la ciudad, dar la oportunidad de crear más espacios para que la gente se reúna (las ideas fluyen mejor entre más cabezas estén juntas), generar públicos, alternativas para más espacios públicos, para tomar la ciudad siempre, y no sólo una vez al año en medio de parafernalias excitantes, convirtiéndonos en ratas alegres que salen del alcantarillado para ver un concierto y regresar a la oscuridad, satisfechos de que las cosas siempre podrían ser peor.

No estoy en contra de los esfuerzos público que de hacer de las expresiones artísticas defensas de la ciudad, pero estos deberían de venir después, cuando el proceso se ha terminado. Seguramente todos aquellos que criticamos con severidad festivales como el Festival Internacional Chihuahua somos tachados de pesimistas empedernidos o inconformes sin juicio. Y tal vez tengan algo de razón. Sólo pensemos en qué tan accesibles son los espacios en donde se hacen los conciertos y las obras, cómo se transportará alguien que vive a varios kilómetros en donde se centralizan las actividades y no tiene automóvil, qué alternativas de transporte público hay para eventos nocturnos, y qué sacrificios tendría que hacer la mayoría de la población en la ciudad para acceder a eventos donde hay que estar desde las tres de la mañana en el Centro Cultural Paso del Norte para conseguirlos, sólo por mencionar algunos. Por eso esto me recuerda un chiste que cuenta el filósofo Slavoj Žižek de un intercambio de telegramas entre dos frentes, uno alemán y uno austriaco, durante la Gran Guerra. El alemán es el primero en escribir, y dice: “Aquí la situación en el frente es seria, pero no catastrófica”, mientras los austriacos responden: “Aquí la situación es catastrófica, pero no seria”.

Juan Manuel Fernández Chico es co-fundador del Colectivo Vagón y director de la película El Heroe. JuárezDialoga lo ha invitado a participar por su compromiso con el trabajo colectivo en el quehacer artístico en Ciudad Juárez.

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