EL LABERINTO NORTEAMERICANO

De acuerdo con algunos historiadores del arte, quienes han combinado sus reflexiones y perspectivas con la antropología, la literatura, el folklore, espacios en el cual se expresa la realidad con mayor exactitud, Latinoamérica es la región del mundo en donde existe una mayor variedad de rostros y fisonomías culturales. Esta conclusión riñe con la tradicional idea de que tal diversidad y poliformismo estarían mucho mejor representados en Estados Unidos, país de migrantes a donde han llegado gentes de todo el globo en oleadas sucesivas. Nadie podría asegurar a ciencia cierta quién tiene razón. Ello no impide constatar que la sociedad norteamericana, considerando a un solo país, es la más compleja del mundo. Juzgada como una extensión y una condensación de Europa, (condición muy distinta a la de Iberoamérica) al mismo tiempo fue la negación de Europa. Durante dos siglos albergó a los perseguidos en el viejo continente, nació proclamando las libertades que allá se prohibían, pero se las vedó a los indios y a los negros. Desde sus orígenes llevó la marca de esta contradicción, expuesta en sus dos documentos fundacionales. Mientras que la Declaración de Independencia afirma que todos los hombres nacen iguales, la Constitución hasta antes de 1865, autorizaba la esclavitud, permitiendo perseguir a los esclavos fugitivos para regresarlos a sus dueños. Desde 1819, Luis de Onís, un agudo observador quien por entonces se desempeñaba como ministro plenipotenciario de España ante Estados Unidos, advirtió -como mirando en una bola de cristal- que la joven república se encaminaba inevitablemente a una guerra civil entre dos contendientes: uno, pretendiendo mantener la Unión bajo principios únicos y el contrario, reclamando potestades soberanas para los estados, entre otras la de legislar sobre derechos fundamentales, como es el de la libertad y por ende, mantener dentro de sus correspondientes territorios a la institución de la esclavitud. (¿No nos recuerda en algo al debate jurídico actual en México, a propósito de las reformas en las constituciones locales que llevan a la penalización del aborto?)

Poco más de cuatro décadas después, los ejércitos unionistas aplastaron a los confederados en una conflagración que costó entre 600 mil y 700 mil vidas. Sin embargo, las cuestiones en disputa no se resolvieron del todo. Los perdedores recuperaron buena parte de sus prerrogativas y por ejemplo, mantuvieron leyes de segregación racial durante un siglo, que impedían a los afroamericanos y a otras minorías ejercer sus derechos ciudadanos y hacer uso pleno de servicios públicos como el de la educación. Estas políticas segregacionistas encontraron su base en movimientos contradictorios, desplegados de cuando en cuando entre los norteamericanos, que postulan consignas igualitarias y al mismo tiempo discriminatorias o xenófobas. De hecho, una vertiente del sindicalismo, de una gran beligerancia frente a los ricos, ha combatido férreamente a los obreros migrantes. Entre sus clases medias, han florecido las divisas libertarias en muchos de los aspectos de la vida, así como de apoyo a las grandes causas de la humanidad: emancipación de las mujeres, despenalización del aborto, antimilitarismo, solidaridad con los pueblos explotados, protección del medio ambiente. Pero, otra porción de las mismas se mantiene encadenada a los prejuicios raciales o religiosos y adscrita a las peores banderías, como las condenas a los avances científicos en áreas como la biología o el apoyo a las agresiones militares del estado norteamericano. Una ama de casa puede abrazar con fervor alguna corriente del fundamentalismo, adscribirse a una de las ramas del Tea Party  y exigir que a sus hijos se les inculque el mito creacionista en las escuelas públicas, mientras que su vecina quizá sea una mujer emancipada de los dogmas y comprometida con luchas libertarias.

La muerte de Steve Jobs, el legendario presidente ejecutivo de Apple, ha dado ocasión para discutir distintas facetas del pueblo y de la sociedad norteamericanos. El innovador y creativo empresario que encabezó una revolución en el mundo de las comunicaciones y abrió posibilidades, todavía inexploradas en gran medida, para la trasmisión de los conocimientos, personificó, con su audacia intelectual, una de las grandes cualidades de los estadounidenses. Prófugo del mundo académico al cual renunció porque “…no pude ver qué valor tenía”, según sus propias palabras, dijo en 2005 un discurso ante los estudiantes convertido paradójicamente en la pieza oratoria o cátedra dictada en una Universidad más leída y escuchada de la historia. Hasta antes de su muerte, había sido vista y oída en you tube por cinco millones de personas.  El núcleo de su discurso es el llamado a los jóvenes para que no teman a los cambios y aún los conviertan en el eje de sus existencias.  “En los últimos 33 años, me he mirado al espejo cada mañana y me preguntaba: ‘Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?’ Y si la respuesta era ‘No’ demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo”. La deslumbrante carrera de este hombre es desde luego un garbanzo de libra y el 99.99% de los estudiantes en cualquier parte del mundo, incluyendo a los de su país, no se convertirán en multimillonarios, ni en dirigentes capaces de modificar el mundo que encontraron en el grado que lo hizo Jobs. Pese a esta estadística inequívoca, la inyección de energía y la vocación por los perfeccionamientos, derivadas de su ejemplo, jugarán como factores claves y positivos en las vidas de muchos, sin duda los más influyentes de los futuros protagonistas en los campos de la ciencia, la tecnología o los liderazgos sociales.

En 1980 apareció la primera edición del libro A People’s History of the United States, que podría traducirse al español como La Otra Historia de los Estados Unidos, cuyo autor fue Howard Zinn, escritor, historiador y activista perteneciente a la mejor tradición de las izquierdas norteamericanas. Falleció en 2010 a los 88 años de edad y en plena juventud, si nos atenemos a su dinamismo físico y mental. Este “alegre guerrero” como lo definía uno de sus admiradores, vendió dos millones de copias de su libro. En los últimos tiempos, a un ritmo de cien mil ejemplares cada año. Zinn narra, apoyado en una cantidad asombrosa de fuentes primarias, dadas a conocer en otro texto posterior, esta otra historia: la de los negros, de los indios, de los inmigrantes, de los luchadores sociales, de las huelgas, de las resistencias a los invasores, de los despojos, de las injusticias. Podemos darnos cuenta del carácter de la obra con un breve comentario del autor: “Mi héroe no es Teodoro Roosevelt, quien amaba la guerra y felicitaba al general autor de las masacres en las villas filipinas al inicio de esta centuria, sino Mark Twain, quien denunció la masacre y  satirizó al imperialismo”. El famoso autor de las Aventuras de Tom Sawyer,  escribía hacia 1900 que muy bien podría emplearse la bandera norteamericana como el nuevo lábaro para los filipinos, sólo que las barras blancas deberían ser negras y las estrellas reemplazadas por cráneos y huesos cruzados. Zinn, por su parte, igual que sobre la intrusión en las Filipinas, escribió sobre la invasión a México o sobre las matanzas de indígenas. También sobre la trascendente actuación de incontables intelectuales y luchadores sociales a lo largo de la historia norteamericana.

Hoy, el movimiento de los “indignados” se encuentra en plena efervescencia en varias de las grandes ciudades norteamericanas. Sus demandas básicas se dirigen contra las grandes empresas capitalistas, que no pagan impuestos como el resto, integrado  por el 99% de los ciudadanos, se apropian de los fondos públicos, cometen fraudes colosales, arman guerras internacionales para vender armas, trafican con dinero mal habido y todavía aparecen como dueños de la nación. Las marchas multitudinarias han tomado Wall Street y plazas emblemáticas en distintos lugares. En alguno de los documentos y folletos difundidos por los manifestantes, se ajustan muy bien las palabras de Howard Zinn: “Pienso que es muy importante traer a la discusión la idea del socialismo al debate nacional, desde allí donde quedó antes de que la Unión Soviética le diera tan mala fama… El socialismo básicamente dice: Hey, hagamos una sociedad amable, generosa. Compartamos cosas. Hagamos un sistema económico que produzca objetos no porque ellos produzcan ganancias para alguna compañía, sino que produzca cosas porque la gente las necesita. La gente no debería ser repelente a la palabra socialismo. Tú tienes que ir más allá del capitalismo” .

 

JuárezDialoga ha invitado al profesor investigador en historia y doctor en ciencia política, Víctor Orozco, por su trayectoria académica y su solidario compromiso con la sociedad civil organizada. Víctor, actualmente es el ombudsman de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).

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