EL MIRREYNATO EN MÉXICO O SOBRE LA ESTÉTICA DEL PODER

La imagen lo domina todo. Armand Mattelart, este pensador de las imágenes, el consumo y la sociedad en masa, ya lo había visto antes que muchos: la imagen se antepone a la discusión. En otros términos: la imagen lo es todo. Lo controla todo. La imagen es aquello que recubre el núcleo de algo. El corazón. La imagen es la superficie de algo que pretende proteger algo más profundo. La imagen también recubre al poder. La reviste hasta que es exhibido como el cuento de El traje del emperador, en donde un par de hombres engañan a un rey y a su pueblo vistiéndolo exclusivamente de su desnudez con un traje que sólo las mentes más brillantes podrían ver.

La imagen del poder, en términos sociológicos, representaría el encubrimiento de lo que podríamos llamar la ética del poder, eso que se presenta en la acción, en la toma de decisiones, en la forma en la que administración pública opera. Esta ética del poder ha sido trabajada, para quien le interese, con mayor profundidad por un filósofo estadounidense acusado de ser una de las personalidades más peligrosas del país, Peter Singer. Cómo una decisión en términos políticos es tomada en términos éticos.

Lo que lo recubre es algo que me he dado el permiso de llamar la estética del poder. Algo que no se interesa en la toma de decisiones, sino el cómo se dice al momento de tomarlas.

¿Qué pasa en México y en la forma en la que la administración pública se ha encaminado? Banalizar la ética, las decisiones activas del poder, para convertirla en imagen, en estética. El poder recae, entonces, en la superficie, en la pura imagen. Se discuten los cómo y se dejan a un lado, para los subtextos, el por qué. Es la política posmoderna o del espectáculo, como le llamó Guilles Lipovetsky. Cuando los periódicos rosas están más interesados en los gobernadores, presidentes, senadores y diputados, que los analistas.

El niño verde una vez lo dijo muy claro, un baluarte el mirreynato decadente mexicano: la historia es juzgada por los hombres intelectuales, y ahí yo no tengo la ventaja. La frase no tendría mayor relevancia si no hubiera sido dicha por un senador. Un senador que también es diputado. Un “político” de un poco más de 40 años que ya se ha convertido en un dinosaurio fosilizado, sin leyes o propuestas en su haber, sin ninguna aportación que enriquezca el debate público, pero que es portada de medios, que sale en bata en un departamento en Cancún y que, para variar, tiene un Mercedes Benz.

¿El referente mayor? Un presidente que ganó los corazones de los espectadores de telenovelas, antes de quienes juzgarían sus propuestas de campaña.

Lo irónico de la propuesta de Mirreynato de Reporte índigo, se relaciona con lo dicho por Marx: la historia siempre se repite, la primera vez como tragedia, la segunda como comedia. Y si estamos enfrentándonos una vez más un proceso de conquista que nos va a llevar a un nuevo Virreinato, pues, vale decirlo, a buen entendedor, pocas palabras.

 Juan Manuel Fernández Chico es co-fundador del Colectivo Vagón y director de la película El Heroe. JuárezDialoga lo ha invitado a participar por su compromiso con el trabajo colectivo en el quehacer artístico en Ciudad Juárez.

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