¡FELICIDADES! SOBRE LO QUE SUBYACE EN LA EDUCACIÓN

Jorge Domínguez¡Felicidades! Un tanto atrasado en el tiempo pero, quiero desear a todos los que leen esta columna que este sentimiento les haya acompañado el pasado día 15 de Mayo, “día del Maestro” y que perdure en ustedes y en los suyos todos los días de su vida. A fin de cuentas que no he definido aquí lo que es la “felicidad”, les deseo el doble a quienes por ese motivo u otro motivo me hayan enviado un mensaje electrónico y con toda la senectud que se apodera de mi cuerpo adolorido, les digo que se encuentran en mi corazón por los momentos que hemos convivido y que, en lo personal hubiera deseado que fueran más largos y de mayor profundidad. ¡Hágame favor, que la semana que pasó me caí dos veces durante mi caminata diaria! Ahora, hago mis ejercicios en mi chirriante escaladora, a pesar de la maledicencia de algunos de mis vecinos, pues vivimos en un fraccionamiento con microcasas de interés social, con vecinos que son gente de bien y otros “amigochos” de las autoridades encargadas de vigilar el cumplimiento del Bando de Policía y Buen Gobierno los cuales a toda hora, cuando están en sus casas, ponen los “bajos” de sus muebles a todo vuelo.

Cuando niño y adolescente, iba a la escuela primaria en las mañanas mas como hijo, le ayudaba a mi padre en las mínimas tareas de la carpintería; además aprendí a fabricar trompos y baleros pero, nunca aprendí a jugarlos pues no había tiempo pa´ esos “jueguitos”, mucho que lijar, mucho que cepillar, mucho que cortar, que armar, que pintar, etc., Soñaba con los aviones, en mi tierra en aquellos tiempo había muchos fumigadores, yo suspendía lo que estuviera haciendo para verlos pasar. Luego, supe el camino a la pista de aterrizaje, tuve mi bicicleta y muchos de mis días de descanso (los domingos) iba a ver los despegues y aterrizajes…y también dejé de ir a las misas –que eran en latín-. Me enteré que la vecina de a tres puertas de la casa, de que tenía un hijo quién estudiaba en el Colegio Militar del Aire en Jalisco, (ahora se llama Colegio del Aire-Escuela Militar de Aviación) era gratis, tenía la estatura mínima, presentó su certificado de primaria y había ingresado después de aprobar los exámenes, de conocimiento y físico. Cuando estuve a punto de terminar la educación primaria, envié un correo para preguntar las fechas del examen de admisión; en la respuesta, aparte de eso, agregaban como requisito para ingresar: el certificado de secundaria. Hablé con mi padre y convenimos en que le ayudaría en la carpintería en la mañana y hasta las 6:30 de la tarde de lunes a viernes y el sábado todo el día. Había decidido estudiar en una secundaria nocturna y así fue. Sin embargo, cuando estaba por concluir la secundaria, otra vez, solicité las fechas de ingreso y en la respuesta añadían como requisito para ingresar el certificado de preparatoria o bachillerato. Hablé con mi padre y convenimos que le ayudaría en la carpintería de ocho a dos de la tarde pues en la preparatoria las clases iniciaban a las tres y terminaban ya caído el sol, inicié con los calores de agosto-septiembre y mis calificaciones no fueron de las mejores.

En el siguiente semestre encontré a un excompañero de la secundaria y que trabajaba en una escuela primaria nocturna para adultos y me contó los tejes y manejes para ingresar a trabajar de profesor. Volví a la carpintería y en las noches a dar clases a los adultos. Al año siguiente me inscribí en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio (IFCM), institución que impartía cursos para profesores no titulados y en servicio; nos reuníamos a estudiar fines de semana y en los tres periodos vacacionales, teníamos cursos intensivos. Formalmente empecé a trabajar como maestro municipal en Saucillo a donde tenía que viajar diariamente, en la Col. Quevedo de ese municipio en una escuela federal, aquí mi primer salario, y en la noche a colaborar de a gratis en la escuela primaria para adultos de Delicias, Chih.; Cuando me titulé de Profesor de Educación Primaria y después de peripecias propias de aquellos tiempos obtuve, en el subsistema federal, mi plaza base de profesor de educación primaria y fui enviado a trabajar a un mineral de las barrancas de Chihuahua, donde los poderosos explotaban, alejados de toda ley a los padres de mis alumnos para extraer tungsteno. Hasta aquí como ser social había aprendido que lo importante era enseñar, compartir lo que yo sabía con otros; como profesor continuaba pensando y confundiendo que la educación era el ejercicio de poder sobre los alumnos y/o imponer las normas de urbanidad y cortesía. Me llevaría años entender que la educación es un proceso de enseñanza-aprendizaje, en el cual la segunda parte de este binomio, el aprendizaje todavía pasa a segundo término,

“Defendamos el ecosistema del Río Casas Grandes”

JuárezDialoga ha invitado a Jorge Domínguez González a colaborar por su compromiso con la educación y las causas justas. Jorge es profesor egresado de la Escuela Normal Superior “José E. Medrano”. Jorge Domínguez es también un reconocido poeta de la entidad. Su trabajo se puede encontrar en www.tolvaneras.blogspot.com donde dice que es un blog que “intenta ser un espacio de reflexión” con sus “apreciaciones de los procesos de enseñanza aprendizaje que se realizan en la subsede” de la Universidad Pedagógica Nacional ubicada  en Nuevo Casas Grandes, Chihuahua.

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