FRANCISCO,UN PAPA RENOVADOR EN LO SOCIAL Y CONSERVADOR EN LO SEXUAL

Efrain RodriguezCon la llegada al trono pontificio del Papa Francisco, la Iglesia remonta el retroceso que le significaron los gobiernos sucesivos del polaco Juan Pablo II (Karol Jozef Wojtyla) y del alemán Benedicto XVI (Joseph Aloisius Ratzinger). Ambos, el segundo mucho menos simpático para las masas que el primero, de tendencia conservadora, amigos de los gobiernos y los empresarios derechistas (pro capitalistas) del mundo.

Para muchos analistas la política de mano dura que los mencionados ejercieron sobre “La Barca de Pedro” en materias de dogma, moral y visión social del 16 de octubre de 1978 al 28 de febrero de 2013, 34 años, fue demasiada para una iglesia con presencia en casi todo el mundo y, por lo mismo, sumamente diversa. A eso puede deberse, en parte, la renuncia de Ratzinger.

La llegada de Francisco (Jorge Mario Bergoglio), quien ya desde el nombre escogido anunciaba un aire renovador en materia social, ha significado un pequeño respiro para una organización sumamente compleja en su jerarquía de amplia tendencia conservadora pero con la capacidad de una visión de (supra) Estado: cambiar suficiente para no perecer, pero no mucho para no desdibujarse.

Lo que sabemos del actual Papa es que siente una cierta simpatía por las corrientes de izquierda, en lo social, de la Iglesia. Que gusta de un contacto directo con los pobres, que empatiza con ellos y que su estilo de vida dista mucho del estilo imperial que ha sido tradición, desde hace siglos, en El Vaticano. De entrada, esto le ha atraído ya las simpatías de no pocos. También sabemos que en lo sexual es lo contrario: muy conservador.

Es muy probable que el actual Papa mantenga las posturas tradicionales de la Iglesia, que recibieron un sello personal wojtyla-ratzingerianas, y que podemos resumir en seis:

1. El uso del preservativo. Niega que su uso prevenga el SIDA de una forma total y efectiva, su difusión es inmoral y su uso es contrario a la dignidad.

2. Relaciones prematrimoniales. No son aprobadas por la iglesia como tampoco lo es la convivencia de la pareja que no ha contraído previamente matrimonio religioso.

3. Homosexualidad.  Califica esta orientación sexual dentro de las consideradas “depravaciones graves” y afirma que sus actos son desordenados y van contra la Ley natural.

4. Las mujeres. Su desarrollo más importante tendría lugar principalmente dentro de la familia. No acepta la ordenación sacerdotal de mujeres.

5. Eutanasia. Rechaza la posibilidad de que cada persona tome la decisión de cuando terminar con su propia vida en caso de sufrimiento grave.

6. Aborto: No lo justifica en ningún caso.

Estas posturas ya venían delineadas con anterioridad. La encíclica Humanae Vitae (Paulo VI, 1968), que causara tantas expectativas frustradas en su momento, tiene una doctrina similar.

Si Paulo VI, pero sobre todo Juan Pablo II y Benedicto XVI desoyeron “los signos de los tiempos” que hablan de una percepción de las sociedades cada vez más alejada de la ortodoxia papal; si, como nos recuerda Leonardo Boff -uno de los mejores teólogos latinoamericanos quien fuera víctima de la intolerancia de Wojtila y de Ratzinger- el Papa Francisco

No muestra esa actitud tan recomendada por el Concilio Vaticano II que sería: en enfrentamientos con las tendencias culturales, filosóficas e ideológicas contemporáneas, cabe principalmente identificar las pepitas de verdad que hay en ellas, y desde ahí organizar el diálogo, la crítica y la complementariedad [porque] Es blasfemar contra el Espíritu Santo imaginar que los modernos sólo han pensado mentiras y falsedades,

entonces Francisco habrá fracasado en temas sensibles que pueden aumentar el éxodo de creyentes hacia el agnosticismo, pero es su derecho, como monarca absoluto, hacerlo así.

Es necesario reconocer que la Iglesia, como ente social y jurídico que es, tiene todo el derecho de elaborar la línea doctrinal que mejor le parezca, tiene derecho a imponer esa, o cualquier doctrina, a todas y todos sus fieles, bajo la pena espiritual que crea conveniente. A lo que no tiene derecho es a incitar, como ya lo hicieron Pío IX, Pío XI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, por citar a algunos Papas no tan lejanos en el tiempo, a que sus dogmas se conviertan en leyes de los países donde hay una fuerte presencia de fieles católicos. A la Iglesia le conviene ser menos soberbia y a las diferentes naciones les conviene separar sus políticas de sus creencias.

Francisco significa, en cierto sentido, el retorno a la posición de Paulo VI, sensible a los temas sociales (Cfr. La encíclica Populorum Progressio). Mucha gente espera de él un avance sustancial, también, en otras temáticas. Solamente los creyentes poco informados se abstendrán de exigir remontar los años de oscurantismo que le significaron a la Iglesia el autoritarismo e insensibilidad de los dos Papas anteriores.

JuárezDialoga invita a Efraín Rodríguez a participar como articulista por su compromiso con la sociedad de Ciudad Juárez. Efraín es maestro en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y entre otros, ha incursionado desde hace muchos años en los medios de comunicación participando en una variedad de temas, pero sobre todo, para desde su profesión como sexólogo promover la aceptación de la diversidad sexual.

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