CHAYITO BUSCA A SU HIJO MARIO…

Fotografía proporcionada por Linda Flores.

En el 2010 conocí a Chayito y a su esposo, el señor Mario Morales. Recuerdo muy bien nuestra primera charla: me contaban que su hijo desaparecido es el mayor de sus hijos –a él le siguen 2 mujeres-, y que se casó con una joven con quien estaba esperando su primer hijo a quien aún no conoce porque lo desaparecieron antes de que su bebé naciera.

Por: Linda Flores (@Magnolisima)

Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria.
Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay
que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia
adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas.
Están perfectamente equivocados. Las heridas aún
no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad
como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento
es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible
el olvido verdadero.
Juan Gelman, discurso pronunciado al recibir
El Premio Cervantes, 2007.

El 2 de julio del 2010 despareció en Torreón, Coahuila, Mario Alberto Morales Cano, un joven de 24 años. Desde hace 5 años, la señora Rosario Cano, o Chayito, como de cariño la llamamos quienes la conocemos, no ha dejado de buscarlo.

Fotografía cedida por Linda Flores

“A raíz de la desaparición de Mario, la economía de la familia Morales Cano decayó puesto que la familia se centró en invertir sus ingresos en su búsqueda. Ahora Chayito Cano se dedica a la elaboración y venta de dulces artesanales como una forma para obtener ingresos y continuar buscando a su hijo.”

De Mario sé también que tenía formación militar; durante tres años formó parte de la Fuerza Aérea, y luego se dio de baja para irse a Coahuila, puesto que de allá es su esposa. En el 2010 se sumó a una convocatoria de la Policía Municipal de Torreón que estaba reclutando nuevos agentes. Según lo que su familia cuenta debido a su entrenamiento militar, no sólo fue inmediatamente aceptado en la policía de Torreón, sino que fue asignado a la escolta personal del mayor retirado Paúl Hernández Ruiz, quien entonces era subdirector de dicha corporación, encabezada por el general en retiro Bibiano Villa. Un mes después, sin darle explicación a su familia, les contó que pidió que lo sacaran de la escolta del mayor Paúl, y que mejor lo mandaran a patrullar las calles, curiosamente pocos días después, el crimen organizado lanzó una granada contra un grupo de compañeros suyos y todos murieron, fue entonces que Mario Alberto decidió darse de baja de la Policía Municipal. Dos días antes de su secuestro, él le dijo a su madre que tan pronto como iniciara la semana siguiente, entregaría los uniformes y la placa y que ya lo había notificado a la corporación. Esas palabras fueron las últimas que le dijo a su mamá.

En estos 5 años de conocer la historia de Mario a través de su familia, siento que le conozco porque su familia de corazón robusto siempre comparte detalles de su vida, de sus palabras. En este tiempo he visto como desfilan funcionarios y funcionarias para hablar de su caso, como han cambiado los gobernadores y sus gabinetes; he visto con indignación como la esposa de Mario no puede acceder a las prestaciones económicas de su esposo porque al estar desaparecido no hay políticas públicas efectivas para proteger los derechos laborales de los y las desaparecidas, y por ende, sus familias no acceden a sus ahorros, prestaciones y cualesquiera de los servicios que puede acceder una persona que trabaja.

También he sido testigo de como el matrimonio Morales Cano hizo alianzas con otras familias de desaparecidas y desaparecidos, y como de esas alianzas amorosas han surgido familias por elección. Recuerdo cuando Deisy Alvarado, hija de Paola Alvarado (una joven mujer desaparecida por el ejército mexicano en el 2009, en el ejido Benito Juárez), cumplió 15 años, y Chayito y Don Mario, estuvieron atentos de los preparativos para su fiesta, y sin dudarlo la acompañaron el día de su cumpleaños. He visto como Chayito se ha hermanado con la señora Lourdes Hernández (Luly), mamá de Pamela Leticia Portillo, una joven desaparecida en 2010 en Chihuahua, capital.

Con profundo dolor vi como la salud de don Mario se fue deteriorando en la búsqueda su hijo, hasta que el 4 de febrero del 2014, no resistió una operación y murió. También en esos días fue cuando más abatida percibí a Chayito, sin embargo, sacando del dolor la fortaleza, ella continua con la búsqueda de su hijo. Hace unos días convocó a una misa para pedir por el regreso de Mario, para orar por su nuera y su nieto. Para recordar a todos y todas las desaparecidas, para estar en comunión y evocar la paz.

Si algo he aprendido de Chayito es que la paz no llega sin justicia, y lo único con que cuentan las familias de las y los desaparecidos es con una sociedad que no olvide; que cobre conciencia de que sus hijos e hijas son también nuestras y nuestros hermanos, por eso, hoy me uno a la voz de la familia Morales Cano, y digo con todo mi corazón ¡Vivo se lo llevaron, Vivo lo queremos!

 

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