LA GUERRA DEL SUR CONTRA EL NORTE QUE COMENZÓ CON UN NO

La guerra del sur contra el norte que comenzó con un no. O sobre la cacería de Julian Assange de Wikileaks.

Decirle no a las administraciones en turno o a los grupos de poder de países como Estados Unidos nunca es fácil. Cuba lo sabe bien. Los gobiernos latinoamericanos de izquierda han recorrido una tortuosa historia de enfrentamientos de baja y alta intensidad que han terminado en golpes de Estado, dictaduras o masacres. La razón es que estos grupos siempre tienen mucho por perder en el momento en que los que ganan son los que lo han ido perdiendo todo.

Decirles no terminaba siendo de muchas formas en un esfuerzo más simbólico que real. Pocas veces tiene resultado, o por lo menos a largo plazo. Veamos los casos de Chile, Argentina, Perú, los países centroamericanos y hasta el mismo México, por citar algunos. La historia no es condesciende con los pobres.

Pero cuando se levanta la mano en forma de alto, algo queda muy claro: la historia no debe ser como siempre ha sido. Este elemento lo pone en el debate internacional el gobierno de Ecuador al momento de aceptar dar asilo político a un personaje tan polémico como indispensable hoy en día: Julian Assange, el líder de la organización Wikileaks. Un grupo de hackers y activistas que han expuesto la realidad de eso que tristemente un día Carlos Salinas de Gortari llamó la política ficción. Es decir, el arte de encubrir la verdad haciéndola ver como mentira.

Por qué el símbolo detrás de Julian Assange es una amenaza latente a los grupos de poder, a los políticos que han hecho de la administración pública y las relaciones internacionales un juego personalizado al que sólo ellos tienen acceso. Wikileaks sacó a la luz los huesos de un cuerpo en estado de composición. Ahora, años después, la cabeza de Assange es el costo de haber expuesto la política internacional, militar y comercial.

Gran Bretaña, lugar en donde reside Assange, es el caballo más cerca en esta cacería, quien juega como un alfil del gobierno estadounidense que incluso bajo la administración de Obama ha acusado a Assange de terrorista (recordemos las palabras de Joe Biden semanas después de las filtraciones de los cables del Departamento de Estado de Estados Unidos).

El problema, es decir, el problema para ellos, es que no sólo fueron grupos como Anonymous los que dieron la casa y respondieron a los que buscaban la cabeza de Assange y Wikileaks.

En el momento en que Ecuador se ofreció a dar asilo a Assange, la política estadounidense emprendida por el gobierno de W. Bush después del 11/9 encontró un detractor (entre muchos que han comenzado a sacar la cabeza de la tierra) en lo que siempre fue su patio trasero. No es China o Rusia, o algún país de Medio Oriente, como Irán. La confrontación vino desde esa región que le permitió a Estados Unidos ser la potencia que es ahora por medio de explotación y manipulación. Hace unos días, por ejemplo, la OEA, organismo que sirvió como brazo político de Estados Unidos para meterse en la administración de los países de Latinoamérica,  anunció una reunión de cancilleres para discutir el caso de Assange.

Rafael Correa tendrá muchas cosas criticables en su política interna y externa, asunto que no es el tema de este texto, pero el decir no a un país tan poderoso como Gran Bretaña y Estados Unidos jamás ha sido fácil. Como el revolucionario Zen que propone Slavoj Žižek, que hace de su negación un acto revolucionario.

 Juan Manuel Fernández Chico es co-fundador del Colectivo Vagón y director de la película El Heroe. JuárezDialoga lo ha invitado a participar por su compromiso con el trabajo colectivo en el quehacer artístico en Ciudad Juárez.

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