APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ

“No parece ser el mismo barrio”(17), dice Jesús en uno de los capítulos iniciales de Aparta de mí este cáliz. En esta novela, el barrio literario de Crosthwaite ha cambiado debido al tiempo transcurrido y a la ausencia, pero prevalece la reminiscencia de la nostalgia que se había desprendido de su primera novela, El gran pretender (1992). Aún así, Aparta de mí este cáliz no se queda en los embates de la nostalgia, sino que explora a partir de ésta el intento de construcción de la fe religiosa, de la soledad humana y de la culpa.

Una lectura inicial ofrece la posibilidad de que Jesús, el protagonista que narra en primera persona su(s) historia(s), sale efectivamente de la prisión y regresa a un barrio distinto y semiurbanizado, donde los antiguos amigos fueron asimilados a la sociedad, ya como padres casados,  y hombres religiosos adictos en recuperación. Por eso, es la nueva generación del barrio la que recibe a Jesús como al mesías, una juventud necesitada de un líder a quién proteger, respetar y pedir consejo, alguien que les dé cohesión y sentido como grupo, pues el protagonista regresa con la aureola del prestigio que envuelve a un cholo veterano y convicto.

En el barrio, Jesús se va metamorfoseando en Cristo. Aún recuerda la muerte, del Pequeño, por la que lo sentenciaron; dice parábolas y hace milagros, teme la venganza del Hermano, su doble; tiene un amor terrenal que termina por abandonarlo, y otro divino, platónico, sostenido en la fe con una significación divina.

La novela de Crosthwaite es la disposición y mezcla de diferentes niveles de conciencia y realidades. Inmediatamente estas realidades se comienzan a traslapar una sobre otra, entre el “Soñé que era Jesucristo y la besaba a usted” (11), la caída en un sueño recurrente, y el Jesús que regresa (ya sea mental o físicamente) al barrio, se sucede un entrecruzamiento como de cuerda que se trenza, como urdimbre que hace la novela.

La caída que pudiera representar la culpa, la soledad, la desesperación; una prisión metafórica que es pozo en el que van cayendo sempiternamente los que se puedan sentir culpables por el crimen-pecado cometido. El sueño de ser un mesías entre muchos otros y no simpatizar bien con los apóstoles; amar como los humanos aman, con el cuerpo, con deseo, con voluntad de pensamiento;  tener miedo, y no querer ser muerto atrozmente como Jesucristo fue.

No es un tema novedoso, la  humanización del mesías, pero sí lo es la adaptación que Luis H. Crosthwaite hace de la figura de Jesucristo para otorgarle una significación diferente de la oficial y canónica. Sacar a un personaje de su espacio habitual y colocarlo en otro, en el mundo desacralizado contemporáneo (fronterizo), del culto a la personalidad y de los liderazgos localistas. Sin embargo, los mecanismos parecen invertirse, si por un lado se humaniza a un personaje mítico, en el traslape de las realidades, se sacraliza a la figura del líder del barrio, impío, imperfecto y esquivo.

 ¿En qué momento la nostalgia por un lugar se metamorfosea en viaje onírico? La novela de Crosthwaite está construida de tal modo que la ambivalencia de sentidos le da profundidad a un personaje más del barrio fronterizo. No es claro si el protagonista sueña o si vive, si imagina desde la prisión para evadirse del encierro y la soledad desesperada de su celda, o si acaricia una esperanza y busca refugio en la fe para pretender así ser el mesías de su raza; probablemente porque el autor se apoya en el recurso de las realidades alternas y oníricas, esta novela de Crosthwaite permite lecturas ambivalentes.

Pero en esta novela también se cuenta la pequeña historia del pasado, misma que se convierte en uno de los motivos que le da coherencia a la figura del mesías convicto. El Pequeño es un niño que busca un hermano y refugio en el otro barrio, el de Jesús cuando era aún joven y en quien la pasión por la violencia era algo imprevisto e impulsivo. El “accidente” sobreviene cuando, por una nimia conversación sobre fútbol, Jesús mata al Pequeño arrojándolo al vacío desde una azotea. “Matar tiene su valor en el barrio”, dice Jesús cuando ve puestos en él los reflectores de la popularidad, en el momento en que comienza a convertirse en el líder, y paralelamente, en el mesías esperado.

Uno de los logros de la novela es que la pequeña historia, la terrenal, moderna y mundana, transita hábilmente hacia la otra, la historia mítica, divina y religiosa, y se amalgaman de este modo en una reelaboración de las herejías cristianas. Es así que no resulta chocante la presentación de un Jesucristo con sus contradicciones e imperfecciones, pues a lo largo de toda la novela subyace el presupuesto de la imposibilidad de sustraerse a la caída.

Tanto el cholo convicto como la figura del mesías se convierten en productos del culto a las personalidades; pero detrás de estas caretas contemporáneas es posible ver a personajes solitarios, desesperados, remordidos y hastiados que encuentran en la fe una posibilidad de permanencia.

 Crosthwaite, Luis Humberto. Aparta de mí este cáliz. México: Tusquets Editores, 2008.

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