CIUDAD JUÁREZ AVANZA

Efrain RodriguezLa primera pareja del mismo sexo contrajo matrimonio civil en esta ciudad a mediados de este mes de febrero (Araly Castañón en El Diario de Juárez, versión digital, 13 de febrero de 2014). Eduardo Piñón y Julio Salazar forman la primera pareja en conseguir ese beneficio legal, a través del Poder Judicial, que la intolerancia les había negado.

El Registro Civil del estado de Chihuahua no contempla otra forma de matrimonio que no sea entre un hombre y una mujer, con fines procreativos, debido a la presión de pequeños grupos intolerantes y a la ignorancia, sobre derechos humanos, de una gran cantidad de personas, incluidos varios diputadas y diputados locales.

El matrimonio, ahora legal, de Eduardo y Julio constituye un hecho histórico en el avance social. Es un hecho tan importante como en su momento fue la abrogación de la prohibición de matrimonios interraciales en los Estados Unidos, hace 46 años. A partir de esa fecha, el Estado dejó de inmiscuirse en la decisión de dos personas de distinta raza de contraer o no contraer, matrimonio.

Ahora es Ciudad Juárez la sociedad que avanza. En poco tiempo veremos desaparecer las posturas intolerantes ante la realidad: lo importante no es el sexo de quienes conforman una pareja matrimonial sino el amor, el respeto y los cuidados que se prodiguen mutuamente. Es decir, como lo dice la mayoría, sí es un asunto de valores.

Gracias a las redes sociales, tenemos la facilidad de guardar para la posteridad evidencias de posturas autoritarias de quienes se oponen a que cada quien viva su vida como mejor le parezca, sin perjudicar a otros.

Es interesante notar como quienes consideran tener el derecho de decidir el matrimonio de otros y otras, han hecho del discurso de la moralidad y de las citas bíblicas un instrumento inmoral para atropellar las decisiones íntimas de otras personas. No tienen el valor de aceptar que son ellos y ellas quienes odian y achacan a un dios homofóbico su propia intolerancia.

Entre los comentarios a la nota mencionada aparece el ya muy sabido “Adán y Eva, no Adán y Esteban” que es una traducción de una frase, también rimada, de alguna iglesia norteamericana. No es un argumento; es una estrategia para convencer a gente de pocas entendederas.

Una persona  comentó (Henrike G D): “Es una manifestación de amor y juramento de lealtad y fidelidad entre 2 seres humanos, qué lástima que a muchos les lastime ver imágenes como éstas y prefieran que sus hijos vean imágenes de ejecuciones, genocidios, violencia contra la mujer y el atropello a los derechos humanos.”

Las respuestas fueron variadas, pero tal vez la menos afortunada, la menos inteligente, fue la de alguien que se asume como mujer (Thalía G): “PURO HOMOSEXUAL Y LESBIANA TE APOYA EN TU COMENTARIO (sic).” Es decir, para que no la contradigan, amenaza con señalar a los posibles contrincantes ideológicos con el peor calificativo que a su homofóbica mente se le ocurre. La homofobia como estrategia de control.

La homofobia es un fenómeno de odio similar al racismo, que va en retroceso. Los cambios constitucionales que se han venido dando a favor de los derechos humanos en el país están repercutiendo en todos los órdenes. También abaten la homofobia.  En poco tiempo, cuando las parejas matrimoniales comiencen a visibilizarse en su diversidad, cuando la convivencia se dé sanamente entre los diferentes matrimonios, dejaremos de discutir lo que actualmente nos ocupa.

En este rubro Ciudad Juárez dio el primer paso de un importante avance social. Habrá que ver cuánto tiempo les lleva a nuestros legisladores locales actualizar las leyes para que no sea el Poder Judicial de la Federación quien tenga que proteger, en cada caso, los derechos matrimoniales de las y los chihuahuenses.

JuárezDialoga invita a Efraín Rodríguez a participar como articulista por su compromiso con la sociedad de Ciudad Juárez. Efraín es maestro en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y entre otros, ha incursionado desde hace muchos años en los medios de comunicación participando en una variedad de temas, pero sobre todo, para desde su profesión como sexólogo promover la aceptación de la diversidad sexual.

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