DE MARCHAS, CARNAVALES, PAZ Y DEMOCRACIA

Efrain RodriguezEl próximo domingo 21 de junio se celebrará la Decimoprimera Marcha de las Diversidades Sexo afectivas en Ciudad Juárez. Han pasado diez años desde que en 2005 la ciudadanía juarense se enteraba que algunas decenas de personas salían a las calles a reclamar los derechos de toda la ciudadanía a una vida libre de discriminación por identidad de género, por rol de género, por orientación sexual y cualesquiera otros pretextos.

En los últimos años han sido un par de miles, cada vez, quienes se han lanzado a las calles. La gente comienza a ver normal lo que de suyo siempre ha sido normal. Quienes participan en las marchas son personas de todo tipo: mujeres lesbianas masculinas, mujeres lesbianas femeninas, hombres homosexuales vaqueros, hombres homosexuales afeminados, mujeres heterosexuales casadas y madres de familia, personas transexuales, transgénero, hombres heterosexuales casados. En fin, es una diversidad que rompe el mito, pero los medios amarillistas le dan cobertura nada más a quienes visten de manera más llamativa, para poder vender la nota.

Las marchas siempre han llamado a la controversia, aun dentro de la población LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transgénero, transexuales). Siempre ha habido quien “no se siente representado(a)” pero se niega a asistir y representarse a sí mismo(a). En el fondo lo que hay en esa postura es un callado autoritarismo. Es gente que quisiera que la Marcha no fuera tan diversa y que toda la gente fuera vestida de manera más “normal”. Han comprado, bien cara, la homofobia social y la han interiorizado. Se hace daño a sí misma esa misma gente.

La primera marcha se realizó en Nueva York en junio de 1970, hace 45 años, y se organizó para celebrar un año de la victoria de la clientela de un bar llamado Stonwall. Esa clientela estaba formada por prostitutas, prostitutos, travestis y otras personas “malvivientes” y se opuso, por primera vez en 1969, a los abusos de la policía de la ciudad que la golpeaba y la extorsionaba cada vez que quería. Esa primera marcha fue para celebrar el triunfo de la gente que distaba mucho de ser “gente bien”.

La policía de Nueva York, como muchas otras policías del mundo, más que garantizar la seguridad de la ciudadanía, se dedicaba a salvaguardar las “buenas costumbres”. Esas que nadie sabe bien a bien cuáles son, pero que sirven para limitar las libertades de los demás. Hoy hay menos personas dispuestas a dejarse extorsionar por agentes policiacos corruptos “por faltas a la moral”. Ésas que los policías saben muy bien que no existen en el código, pero que les han redituado muchas ganancias mal habidas de manos de quienes se dejan intimidar.

Las marchas son un carnaval, son una fiesta. Son la fiesta de los cuerpos, la fiesta de las libertades. La gente sale a la calle como quiere, frente a una policía que no puede decir nada y se limita, por órdenes superiores, a cuidar a quienes marchan. El año pasado un peluquero en Madero y 16 de Septiembre salió a gritarles: ¡pecadores! a quienes marchaban y la policía, cumpliendo su deber, lo invitó a regresar a su negocio, a que dejara de violentar a la gente y a que ayudara a que la cosa siguiera en paz.

Más allá de la fiesta de las libertades las marchas son altamente educativas: le enseñan a la gente que allá arriba no hay divinidades listas para mandar castigos ni lanzar fuego a las ciudades. Que el infierno no espera a quienes se acarician, ni a quienes se besan. Que tal vez haya un infierno en este mundo, en el que viven ya quienes se sienten ofendidos porque hay quienes sí se atreven a disfrutar de su cuerpo y que los dioses deben estar ocupados en cosas más importantes que andar espiando la vida sexual de los demás.

Las marchas también son instrumentos políticos. Le dicen a las clases dirigentes que ahí hay votantes, que ahí hay quienes pagan impuestos, que ahí hay ciudadanos y ciudadanas que no están dispuestos a que sus decisiones sean tomadas en palacio. Ni de gobierno ni episcopal. Que ahí hay seres libres y seres conscientes entre la algarabía, la música y el baile. Que ahí hay personas cuyos derechos más básicos están pendientes: el derecho al matrimonio, a la educación, al trabajo, a la seguridad y a veces a la vida misma. Que ahí hay una ciudadanía que ya no está dispuesta a callar mientras es atropellada.

Gracias, en buena parte a las marchas, hoy hay una Suprema Corte de Justicia de la Nación que está dispuesta a enfrentarse a los poderes fácticos para garantizar los derechos de todos y todas, no nada más de la población LGBT, porque al ganar un poco la población discriminada, la ciudadanía en general gana mucho. Ya hay derecho al matrimonio, aunque sea a través del Juicio de Amparo, ya hay derecho a la educación, ya hay derecho a vivir sin discriminación. Todo esto con el esperado y consiguiente espanto de unos pocos que no soportan la libertad de las mayorías.

Gracias, en buena parte a las marchas, hay una ciudadanía más consciente, más madura, más adulta, con menos temor y con mayor capacidad de tomar sus propias decisiones sin antes volver la mirada a los poderosos. Un día, con placa o sin placa, con monumento o sin él, quedará para siempre en la memoria de la gente lo mucho que le debemos a quienes salen cada año a marchar.

A esa gente discriminada, golpeada, injuriada, a esa gente lesionada que no muestra sus heridas ni sus cicatrices sino que por encima de su dolor sonríe a la cámara y sale a las calles a marchar con plumas o sin ellas, con poca o mucha ropa, con maquillaje o sin él, cada quien su estilo, le deberemos una sociedad donde todos y todas podamos convivir sin miedo a la violencia física, verbal o ideológica de quienes viven en el terror de la libertad.

JuárezDialoga invita a Efraín Rodríguez a participar como articulista por su compromiso con la sociedad de Ciudad Juárez. Efraín es maestro en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y entre otros, ha incursionado desde hace muchos años en los medios de comunicación participando en una variedad de temas, pero sobre todo, para desde su profesión como sexólogo promover la aceptación de la diversidad sexual.

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