LA ÉPOCA EN QUE EL OFICIO DE ESCRITOR SE VOLVIÓ UNA AFRENTA

Consuelo SáenzPor: Consuelo Sáenz

La falta de credibilidad en los concursos literarios es cada vez más notoria, no obstante, es gracias a las redes sociales que parecen funcionar de manera positiva, cuando de unir las voces en protesta contra las trampas y triquiñuelas que se denuncian y permean la gran mayoría de los concursos y convocatorias se trata. Lo destaco porque fue muy interesante lo ocurrido con el proceso del 2do Premio Nacional de Cuento Fantástico Amparo Dávila. Según se dice, convocados por segunda ocasión, formaron parte del jurado: David Toscana, Ana García Bergua, Bernardo Esquinca, Bibiana Camacho y Mauricio Molina. Aunque no faltó el despistado o mal informado que aseguró que ninguno de los jurados escribían sobre el género fantástico. Mentira. Si revisamos  la bibliografía de cada uno nos daremos cuenta de que sí lo hacen. Por ejemplo, Mauricio Molina (Ciudad de México, 1959) y Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972), este último adscrito a la temática del weird fiction o “ficción de lo extraño”. Y el resto de los miembros también  lo ha explorado de manera fortuita en algunas de sus producciones literarias. Así que, en ese sentido, el jurado fue aceptable (tampoco está de más recordar que la mayoría de ellos son producto del Sistema Nacional de Creadores,  FONCA y/o SNCA). Regreso a lo que me interesa comentar: cuando éstos anunciaron a los finalistas se descubrió que de los trece, cinco tienen publicaciones individuales y/o antologías. Un joven escribió en la página oficial del 2do Premio Nacional de Cuento Fantástico en Facebook:

“Borraron mi comentario anterior. Por eso lo vuelvo a poner. González Mendoza, Díaz Ruelas, Fuentesberain y Aguilar Martínez no son emergentes. Prueba de ello es que si uno echa un vistazo en la web, podrá corroborar que sus carreras han sido sustentadas por becas del FONCA, apoyos gubernamentales y espacios como la ELEM . Yo no concursé pero sigo de cerca el desarrollo de este certamen pues esto es prueba fehaciente de la corrupción en los premios literarios. Para muestra, un botón: la corrupción comprobada en las antologías México20, poesía y narrativa, respectivamente. Es una lástima, de veras, que con deliberaciones de este tipo, en la que hay 7 escritores no emergentes, demuestren el panorama actual de las letras en México. Qué asco y qué enojo”.

Esto fue suficiente para que se desatara la protesta. Aquello fue un torbellino de denuncias y reclamos que exigían transparencia y honestidad. Las bases fueron desde un principio muy claras respecto a no aceptar postulantes con al menos un libro publicado. Ante tanta desaprobación, no les quedó de otra a los organizadores que escribir lo siguiente:

“Hola, acabamos de revisar en su sitio web y efectivamente tiene publicaciones, la mayoría de ellas son antologías y efectivamente tiene sólo un libro de narrativa publicado. Esta fue una duda recurrente a lo largo de todo este proceso y habrá varios colegas por aquí a quienes les hayamos respondido que era posible participar si tenías sólo un libro propio aunque estuvieras antologado”.

¿Le cae? habrase visto tremendo descaro. La respuesta no se hizo esperar, Javier Malagón escribió:

“Cambian las reglas a su modo saliéndose del protocolo establecido, qué poca madre y qué poca credibilidad; no vuelvo a participar en esta porquería de certamen por la corrupción y poco valor ético del jurado, en pocas palabras, ¡chinguen a su reputa madre!”.

Al final, toda la protesta y falta de credibilidad que amenazó al emergente concurso  rindió sus frutos. El ganador  del mejor cuento fantástico dice ser de oficio obrero y que se ha fogueado,  desde hace tiempo,  en diversos talleres literarios,  allá, en su natal San Luis Potosí. Así fue, la unión hizo la fuerza. Es lógico que los organizadores y el jurado no se habrían de arriesgar otorgando el triunfo a los autores “emergentes” denunciados, no habrían de arriesgarse  a otro escándalo  parecido al que persigue y perseguirá a la antología México 20. La nouvelle poésie mexicaineEl cual, si usted no está enterado, necesita ponerse al día para entender lo que yo considero el umbral  a un cambio positivo,  donde la denuncia y freno a la corrupción y antidemocracia galopante que impera en el ámbito literario nacional, puede ser posible.  A no ser que se vuelvan más cínicos y terminen por gritar a los cuatro vientos que sus decisiones no se discuten y háganle como quieran, que al cabo,  si la envidia fuera tiña ya estaríamos todos tiñosos.

Me causó sorpresa leer entre la lista de poetas antologados en México 20. La nouvelle poésie mexicane,  el nombre de la escritora Dolores Dorantes (Córdoba, Veracruz, 1973), quien residiera  en Ciudad Juárez desde 1988. Recibió el premio David Alfaro Siqueiros 2000, como estímulo a la creación literaria. Periodista. Con estudios en Letras Hispanomexicanas en la UACJ.

A Dolores Dorantes la conocí a inicios de los noventa,  por amigos que tuvimos en común, otrora de lo que fue la librería Rancho las voces, ubicada en la parte baja de unos departamentos, lugar asiduo para la crema y nata de bohemios, artistas y librepensadores. En 2009 volvimos a encontrarnos en una de las extensiones de DEMAC,  donde fue coordinadora. Se convirtió en activista, se involucró en serio con asociaciones como Nuestras hijas de regreso a casa, defendió casos como el de Marisela Escobedo Ortiz que pugnó hasta su muerte por la aprehensión del asesino de su hija Rubí Marisol Freyre. Apoyó a mujeres víctimas de la violencia, a las madres de las mujeres asesinadas. Además, Dolores Dorantes se caracterizó siempre por denunciar a través de sus columnas de opinión la corrupción del gobierno, siempre firme, intolerante. Todo esto le acarreó  enemistades y amenazas que terminaron por hacer que  abandonara la ciudad en 2011,  y fuera a radicar por tiempo indefinido  a la ciudad de Los Ángeles y El Paso, respectivamente, porque dice:  “Si regreso a Juárez, me matan”.  Esta es la contraparte de figurar en una antología espuria como  México 20. La nouvelle poésie mexicaineEn el caso de Dolores Dorantes, estoy convencida de que ella ni siquiera se imaginó los alcances que tendría,  decir sí, a la invitación de formar parte en semejante proyecto,  auspiciado y editado por el Estado mexicano que ella tanto criticó, proyectado exclusivamente  para el mercado de poesía francófono, donde México fue el invitado de honor en la  Marché de la Poésie. Antología que fue pagada, además, con recursos públicos y todo un arsenal de irregularidades que ya se han encargado de revelar los escritores Heriberto Yépez y María Rivera:

“La polémica estrictamente literaria en torno a una antología de este tipo se presenta ineludible, porque actualiza viejos debates sobre la poesía de nuestro país y, al mismo tiempo, plantea nuevas preguntas que atañen al contexto de las obras examinadas, un contexto que es cualitativa y cuantitativamente distinto al de hace apenas dos décadas. […]  Desbrozar ese panorama y jerarquizarlo se antoja arduo y, por lo menos, tardado, dado que existen muchos poetas “a considerar” a lo largo y ancho del país, cuyas obras tienen cada vez más canales de difusión debido a la presencia de los medios electrónicos. Súmesele a esto que debido a los estímulos a la producción por parte del Estado, hay una vasta nómina de autores que cuentan con algún reconocimiento estatal y/o nacional, lo que imposibilita su discriminación a priori”.

Parafraseando al gran Borges,  confirmo que, existe cierta dignidad en la derrota que algunas victorias no conocen…

JuárezDialoga ha invitado a colaborar a Consuelo Sáenz. Consuelo, dice de sí misma: Mi  formación es la sociología. Realicé la maestría  en Educación,  Investigación y Docencia, por puro capricho. Mi pasión: el género biográfico y la entrevista. Actualmente colaboro para los portales de cultura y periodismo literario  Rancho las vocesLa libreta de Irma. Escribo, experimento y publico donde me dejen. Abrí mi blog por consejo de Cesar Silva Márquez y de Sanjuana Martínez (el primero me lo sugirió por ironía y la segunda por verdadera camaradería), ambos tenían razón: escribir sin autorización de nadie. Arrieros somos y en el camino andamos.

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