¿LA HORA DE LA CIUDADANÍA?

Desde las pasadas elecciones presidenciales del 1 de julio de 2012 varias preguntas empezaron a circular entre algunos amigos y conocidos, luego de observar y considerar que:

  • durante la campaña electoral y el día de la elección muchos ciudadanos sin partido y con orientaciones ideológicas diversas se involucraron en apoyo de la candidatura de las izquierdas, aglutinadas en torno a López Obrador;
  • el resultado de las elecciones a nivel local colocó a las izquierdas como la segunda fuerza electoral (La alianza PRI-PVEM 229,607, contra 151,654 de la alianza de las izquierdas, y 107,464 del PAN), y por poner un ejemplo, que en algunos distritos como el 03 se volvió a evidenciar claramente la existencia de un elector que vota de manera dividida y oscila, la más de las veces, entre el voto por el PAN, el PRD u otro partido, y la abstención;
  • recordar que desde los años noventa en la ciudad se presenta un doble proceso de disolución de viejos movimientos sociales y reconstitución de una sociedad civil organizada, al igual que un proceso de configuración de un proyecto alternativo de ciudad;
  • y constatar que los habitantes de Ciudad Juárez no tenemos posibilidades reales y sustantivas de incidencia en las políticas públicas, a pesar de las múltiples experiencias de convergencia y articulación que se han impulsado.

Esas preguntas, que aquí quiero compartir para que las reflexionemos son: ¿Qué demandas, reivindicaciones o proyecto de ciudad pueden unir a la sociedad civil para enfrentar la pérdida de la ciudad en tanto bien colectivo y espacio público? ¿La ciudadanía organizada sólo puede seguir aspirando a pretender incidir (aunque sea de manera limitada) en las políticas públicas  o se llegó el momento en que deba y pueda competir directamente por el gobierno de la ciudad?  Si se opta por lo último, ¿existen condiciones para ello y qué camino habría que recorrer?

Mi respuesta preliminar a esas preguntas, y que propongo como punto de partida para la reflexión, parte del hecho de que desde los años noventa y con toda claridad en la década pasada se han venido gestando los elementos que pueden cristalizarse en un proyecto de ciudad alternativo al vigente: 1) se impulsaron al menos tres procesos de articulación centradas en iniciativas como las del Plan Estratégico, el Movimiento pacto por la Cultura y el Consejo Ciudadano para el Desarrollo Social; 2) se promovió la defensa del IMIP a finales de 2005 y la iniciativa de referéndum sobre el Plan San Jerónimo, que a pesar de haber sido desechada por las autoridades electorales, tuvo un saldo muy favorable en cuanto a experiencia organizativa y proceso de confluencia de expresiones organizativas ideológicas diversas; 3) se han emprendido de manera sistemática acciones en dos vías, la de la intervención directa en torno a los principales problemas y carencias sociales de la ciudad, y la de la resistencia y denuncia de la impunidad, y antidemocracia prevalecientes; 4) y, aunque  a veces los procesos de articulación se debilitan o resquebrajan por divergencias y consideraciones ideológicas o coyunturales, hay un enorme legado en términos de conocimiento de la problemática de la ciudad y de las vías de acción que se pueden emprender, un legado al que se suman los estudios y diagnósticos hechos sobre la ciudad por los académicos de la ciudad.

Esta  confluencia de elementos, más la constatación de que existe un electorado crítico en la ciudad,  permiten en una primera mirada pensar que si se establece una ruta crítica adecuada, si es posible avanzar en la articulación de un nuevo proceso de confluencia ciudadana que, esta vez, se proponga no la incidencia en las políticas públicas, sino el ejercicio del gobierno local.  Para ello, me parece, que en la ruta crítica habría que incluir al menos tres cuestiones:

  • precisar el contenido y orientación del proyecto de ciudad alternativo, que si bien ya existe un esbozo de ello, hay que explicitarlo y formularlo en un programa de gobierno;
  • construir una coalición ciudadana en torno a este proyecto  e impulsada por individuos y grupos de reconocido liderazgo, compromiso y honestidad; es decir, un liderazgo capaz no sólo de empujar una coalición electoral entre los partidos político afines a ese proyecto alternativo de ciudad, sino de atraer la simpatía del electorado crítico;
  • buscar las palabras y los modos que permitan prevalezca el dialogo y las coincidencias por encima de las divergencias y agendas particulares.

Envío este breve comentario con la esperanza de que nos ayude a encontrar y darle nombre a un camino que nos permita recuperar la ciudad y reconstruirla como una ciudad de derechos. Pienso que llegó la hora de la ciudadanía. Nuestra hora.

JuárezDialoga ha invitado a Héctor Padilla a colaborar por su trayectoria académica como estudioso de Ciudad Juárez y el tema de la frontera. Así mismo, por su contribución y reflexión sobre el tema específico de la cultura. Héctor, también como académico ha apoyado en distintos momentos diversos movimientos sociales y fue co-fundador del Movimiento Pacto por la cultura.

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