TERRORISMO DE ESTADO

Los pasados atentados en el estadio de Torreón mientras se celebraba un partido de futbol donde no hubo víctimas mortales, así como el ocurrido en el casino Royale de Monterrey, con un saldo lamentable de 52 personas fallecidas, han puesto a la orden del día el debate en torno al concepto de terrorismo en la opinión nacional; cabe señalar que fue Calderón quien inmediatamente calificó los actos señalados como terrorismo y no por casualidad. Existe una discusión en torno a los hechos concretos para establecer quién ejecutó estos actos criminales y cuáles son sus intenciones y si los actos pueden ser calificados de terrorismo. Que nadie se extravié, lo que ha venido sucediendo en México se llama terrorismo, sí, pero de Estado.

Terrorismo significa ejecutar actos criminales para sembrar terror en la población o en un sector de ella y causar efectos que serán aprovechados políticamente. En esta definición entran los clásicos ejemplos de terrorismo insurgente pero también el terrorismo de Estado, entre otras manifestaciones conocidas; es una definición amplia y coherente con la que vamos a trabajar. Lo que determina el terrorismo no es la magnitud del crimen ni los medios (como son las armas utilizadas, bombas, armas largas, químicos), ni siquiera el hecho más general de que los actos terroristas sean ejecutados para aterrorizar (aunque todas estas características puedan incluirse), lo que determina el terrorismo es la estrategia política del terror. El factor aprovechamiento político del acto terrorista es fundamental para su definición, lo mismo que su criminal ejecución, ambos son elementos inseparables que podemos analizar por separado.

Vayamos a resolver la primera parte de la ecuación de terrorismo que nos hemos planteado, la que concierne a la responsabilidad de la ejecución de los actos criminales. El gobierno sostiene que el aumento de la violencia es responsabilidad de las bandas del crimen organizado y según él, de organizaciones no gubernamentales, políticas y de Derechos Humanos que las protegen. Es difícil saberlo, en México hay un 97% de impunidad en el sistema de impartición de justicia, todo mundo habla de la guerra entre carteles de la droga, pero nadie sabe a ciencia cierta, quien se pelea contra quien y el gobierno no puede aclarar estas dudas, sin exhibirse como proclive a actuar en contubernio con alguna de las partes criminales.

Es sabido que con la instrumentación de la política “anticriminal” por parte del gobierno federal desde el 2007, el crimen no ha hecho más que aumentar exponencialmente. En algunas zonas como el estado de Chihuahua, la militarización sirvió para sentar las bases de operación de comandos paramilitares que se dedicaron a extorsionar y a masacrar a ciertas poblaciones rurales, sobre todo en la franja fronteriza con Estados Unidos o en la Sierra Tarahumara (donde curiosamente hay ventajas económicas para grandes empresas). En Ciudad Juárez, ciudad paradigmática de la militarización y el crimen, con la llegada de miles de efectivos militares y de la Policía Federal, las extorsiones y abusos se generalizaron y lo más dramático es que las ejecuciones, en su gran mayoría contra gente desarmada y sin enfrentamientos, se dispararon en un 500%. En algunos casos se ha visto a los mismos militares y Federales actuar contra la población indefensa, tal fue el caso del Valle de Juárez, que llevó a Josefina Reyes Salazar a denunciar como los militares se dedicaron a entrar a las casas de l@s vecin@s, robando y llevándose a muchas personas. También tenemos el caso de la Policía Federal disparándole arteramente por la espalda al compañero Darío Álvarez en una manifestación contra la guerra. Son sólo dos casos famosos de militares contra civiles, de muchos que se pueden citar, en donde se incluyen: asesinatos en persecución, asesinatos en retenes, allanamientos de morada, extorsiones, secuestros, ejecuciones, masacres y torturas.

Por otro lado, no se pretende negar la actuación criminal de grupos organizados en el país. Como cualquier otro campo de la vida, en un espacio social determinado por el habitus capitalista, esté se basa en la competencia entre privados. Los grupos del crimen organizado han estado peleándose el inmenso mercado de drogas para exportación, debido a las estratosféricas ganancias que obtuvieron y la bastedad del mercado Norteamericano, en los 80’s se llegó en México a una especie de equilibrio que les permitió fortalecerse e infiltrar tranquilamente al Estado. Una infiltración que no solamente infectó a los cuerpos militares y Federales, sino a banqueros, funcionarios, jueces, diputados y presidentes, formando lo que algunos llaman un narco Estado. En un movimiento paralelo el Estado mexicano fue cayendo totalmente en la esfera del Consenso de Washington, líder de tecnócratas neoliberales y el principal promotor de guerra y terrorismo en el mundo.. En los 90’s, el imperio expande los planes militares de control más allá de sus fronteras, actualmente con la doctrina renovada de “guerra contra el terrorismo”. A lo anterior se suma el hecho de que en el contexto de crisis global del capitalismo, los capitales tienden a invadir los negocios más lucrativos, como el tráfico de armas, drogas y seres humanos. El Estado actuando como el garante de los grandes negocios, se suma al esfuerzo de allanar el camino para formar un monopolio del narco, al mismo tiempo que narcotiza al Estado.

Lejos de negar las actuaciones de grupos criminales en actos que se pueden considerar terroristas, más bien nos preguntamos si el Estado se encuentra al margen de la actuación de dichos grupos. Actos criminales han existido siempre desde que el mercado de las drogas se encuentra en disputa, pero solamente con la intervención de los intereses del narco Estado pro imperialista y capitalista, es que los actos criminales se convierten en política de guerra. Una guerra “contra el narco” en México, conducida por un narco Estado y sus socios imperialistas capitalistas, solamente podía terminar en muerte y saqueo para el pueblo. Fijar la responsabilidad de la actual ola de violencia desatada en el país en el Estado, como ya lo han hecho muchos analistas ¿es suficiente para calificarlo de terrorista? Evidentemente no, pero entonces ahora vayamos a resolver la segunda parte de nuestra ecuación de terrorismo, la que se refiere al aprovechamiento político y tendremos la visión completa.

En un primer momento nos preguntamos, ¿Quién aprovecha los actos criminales en todo México para impulsar su política? El mismo Felipe Calderón no se cansa de decir que su política responde a la situación de guerra y además es correcta y exitosa. Conclusión irrefutable, si la estrategia de guerra del gobierno ha aumentando la criminalidad en México por un lado y por el otro, el mismo gobierno sostiene que los resultados son correctos y buenos, entonces quien se beneficia del crimen es el mismo gobierno y este beneficio se traduce en política. Evidentemente como se ha puesto de manifiesto otra vez en los hechos recientes, con el exaltado llamado a la aprobación de las leyes de excepción contenidas en la Reforma a la Ley de Seguridad Nacional, la criminalidad es la coartada política del gobierno para intentar legitimar y aumentar su mentirosa guerra contra el crimen, que se convierte en política criminal de Estado.

Se desprende del anterior análisis lógico, que al gobierno no le interesa ganar y terminar la supuesta guerra contra el crimen, si fuera lo contrario, tendría que reconocer su fracaso, más bien estamos demostrando que su verdadera intención consiste en extender y aumentar la guerra, de donde se desprende que subyace un interés político anterior para impulsar tal estrategia bélica. En conclusión, no se trata de señalar si en un acto criminal aislado actuó directamente el Estado o no, sino de demostrar que existe la responsabilidad del Estado en el aumento del crimen al utilizar y promover irresponsablemente una guerra bajo objetivos particulares y usar sistemáticamente el terror que se desprende de ella para fines políticos, estamos por lo tanto ante terrorismo de Estado.

JuárezDialoga ha invitado a Gerónimo (Gero) Fong por su indudable compromiso con el activismo social y político. Gero, participa en diferentes organizaciones de izquierda desde temprana edad. Es estudiante de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) y actualmente, colabora entre otros organismos, con el Frente Plural Ciudadano de Ciudad Juárez y el Comité Universitario de Izquierda.

Comparte!