¿Y LA CHEYENNE APÁ?

Seguramente, estimado lector, se recordará de este anuncio publicitario en el que se muestra a un papá mostrando a su hijo las inmensas tierras que le heredará a su muerte y cuya única respuesta del hijo, ante la insistencia del progenitor, es ¿Y la Cheyene Apá?, aludiendo al vehículo que estaba detrás de ellos y desdeñando las promesas del futuro (¿incierto?). Esta escena puede ser utilizada como metáfora para entender algunos cuestionamientos que son indispensables para explicar la complejidad que representa el cambio que México necesita y que poco o nada se ha dicho al respecto en estos tiempos post electorales.

Efectivamente, cualquiera de los candidatos que al final de cuentas resulte ganador de la contienda electoral y que han prometido resolver los grandes y múltiples problemas nacionales como son la inequitativa distribución de la riqueza material y simbólica, los problemas de seguridad nacional, por mencionar sólo algunos de urgencia vital, se enfrentará a un problema toral: La conformación de operadores del sistema, a todos los niveles,  que tengan la posibilidad de generar políticas públicas con visiones alternas, que trasciendan cuando menos al sentido común.

Ello resulta de analizar  los posicionamientos que  diferentes actores tienen con relación, por ejemplo, a la hechura de leyes cuyo propósito es resolver un tema en particular. Se observan buenos propósitos, pero ello es insuficiente cuando no se tiene la experticia en la materia, finalmente se acaba reproduciendo aquello que se pretende combatir. Por eso es que continuamos reproduciendo un círculo vicioso, problemas estructurales, porque pensamos que es suficiente la voluntad (Amelorism) para la transformación de las realidades sociales. Ello no es así, por las siguientes razones: El sentido común, que acoge a la mayoría de los políticos y servidores públicos, normalmente se asienta en una visión pragmática e interesada (de corte esencialista de la realidad social y positivista de la ciencia) Veamos:

Desde los primeros años somos educados en una perspectiva esencialista, es decir, la creencia soterrada de que las cosas existen per se obnubilando el hecho de que son configuradas desde los procesos sociales, culturales, económicos y políticos.

La perspectiva esencialista, como se afirma, concibe a la realidad como dada, pre discursiva. Se fundamenta en la existencia autónoma entre el observador del mundo y lo observado. En la existencia de un mundo externo al sujeto que deviene a tener autonomía e independencia respecto de este. Por ello, dentro de esta perspectiva, la “realidad’ existe independiente del sujeto que experimenta el mundo y la consecuencia es que podamos acceder a ella por medio del pensar científico. En esta perspectiva, la relación entre el ente cognoscente y el objeto cognoscible (realidad externa) consiste en la simple reproducción mental de la segunda por parte del primero como función siguiente a la percepción sensorial. Así, el conocimiento humano de la realidad externa es equiparado a un espejo que refleja fielmente esa realidad, tal cual es.

Tal concepción es cuestionada a partir de las aportaciones disciplinares de la física cuántica, de la mecánica cuántica y de la biología, que han permitido repensar la epistemología tradicional derivada de las ciencias clásicas y reformularla en una concepción holista de la misma. Como afirmaba mi amigo Manuel Arroyo “Entre los múltiples elementos proporcionados por el desarrollo de la investigación científica contemporánea encontramos que los descubrimientos en el campo de la cognición desarrollados por Piaget vinieron a replantear la concepción generalizada sobre la comprensión kantiana que se tenía sobre la supuesta condición innata de las categorías básicas de la capacidad reflexiva y analítica del individuo. De igual forma el desarrollo actual de la investigación en las ciencias naturales, en especial en física y biología, están replanteando las bases de certidumbre en las que se desarrolló la “ciencia clásica”, desencadenando una revolución teórico-epistemológica que supera a la ruptura paradigmática provocada por Galileo en su época. La mecánica cuántica, por ejemplo, al documentar que no existe ninguna vía de acceso a la realidad que no pase por “nuestro conocimiento de la realidad”, es decir al plantear que no existe una realidad independiente de nuestra “mirada”, ha venido a cuestionar, a desbaratar y desmantelar las evidencias, los esquemas y los principios, aparentemente inamovibles, que siglos y siglos de consenso generalizado les había conferido una fuerza que pareciera imposible de ser revertida. “Evidencias, esquemas y principios que han impregnado el ethos de la ciencia y, a partir de ella, el ethos de la modernidad y, por lo tanto, nuestras propias mentalidades”

Las consecuencias de ignorar los obstáculos epistémicos apuntados pueden derivar en perspectivas reduccionistas de los asuntos que se tratan y de poco o nulo “anclaje” en los procesos sociales y culturales que le conforman. Las prácticas socorridas por los políticos y funcionarios públicos siguen la suerte de abstraer por abstraer y de recrear conceptos o ideas que no permiten dar cuenta de lo real, es decir, la falta de reflexión epistemológica es llenada por el sentido común, por una “ciencia” fundada en las “evidencias ideológicas”.

A mayor abundamiento, podemos decir que una perspectiva reduccionista puede situar los objetos de conocimiento en concordancia con intereses sociopolíticos importantes, de mantenimiento del Status Quo. Una perspectiva constructivista, configuracionista, para la indagación de los asuntos públicos, que dé cuenta de estos obstáculos epistémicos, es concebir la realidad social como “realidad hermenéutica”, es decir, como efecto de los procesos materiales y simbólicos que le configuran.

Por ello, es viable preguntarnos ¿Y los operadores del sistema?, es decir, ¿tienen o tendrán los futuros operadores del sistema una concepción alternativa de la ciencia positivista, una perspectiva histórica y no esencialista de la realidad social? Si ello no es así, lo más probable es que se reproduzca lo mismo que se trata de combatir, en particular los problemas de seguridad nacional, etc.

JuárezDialoga ha invitado a Emilio Nana Muñoz a colaborar por su compromiso con la sociedad Emilio a participado en diversos movimientos sociales. Es docente en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Lic. En Derecho. Lic. En Psicología. Maestría en Ciencias Sociales y Candidato a Doctor en Ciencias Sociales.

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