LUCHAR POR LOS LAGARTOS

Ante las batallas que libramos en la frontera por conservar nuestra vida, nuestras propiedades y nuestra dignidad, luchar por conservar la escultura de Los Lagartos en su sitio original en el centro de El Paso podría parecer un asunto superficial. Y sin embargo, el plan para remover esta pieza de arte es una manifestación más del poder que ejercen políticos y empresarios locales en ambos lados de lo que queda del Rio Bravo.

A fin de explicar la arbitrariedad de modificar la plaza sin obtener el consentimiento de los residentes de El Paso podriamos pensar que magnates y miembros del cabildo desconocen la dimensión mundial, histórica, del arte de Luis Jiménez, nacido en El Paso y orgulloso de su herencia mexicana. De haber tratado de educarse en el tema, no les hubiese costado un centavo admirar en sus múltiples viajes a Washington, D. C. u otras ciudades importantes las numerosas esculturas de Jiménez. El artista Chicano insistió en instalar sus piezas en lugares públicos a la vista de los transeúntes, donde los trabajadores pudieran disfrutar su arte sin tener que pagar la admisión a lugares solemnes en donde se sintieran incómodos.

El caso es que aunque no estuviesen informados del valor de la obra de Jiménez, empresarios y funcionarios locales desde luego saben que la escultura de Los Lagartos es un patrimonio de esta comunidad mayoritariamente mexicana, donde se cristaliza la memoria de los residentes más pobres de El Paso y quienes han contribuido a la economía y cultura de este lugar por siglos. La Plaza de los Lagartos ha sido lugar de reunión de las familias de El Segundo Barrio y otros vecindarios también ya por centurias. Alrededor del estanque de los reptiles, que hace muchas docenas de años estaban vivos y coleando, niños y adultos de origen mexicano, afroamericano y chino conversaron, jugaron y disfrutaron la sombra de los árboles de la plaza cuando la segregación y la pobreza los cercaba en esta región. Generación tras generación de residentes de El Paso y visitantes de Cd. Juárez ha incrustado amorosamente en su memoria estos días de convivencia tranquila y gratuita.

Los miembros del cabildo de la Ciudad de El Paso y empresarios consideran la presencia de los mexicanos una mancha en su versión de lo que consiste la “ciudadanía ideal” y tratan de “limpiar” la zona de residentes y visitantes que no pertenezcan a la clase media norteamericana, cambiando hasta el nombre dado por el pueblo y rebautizándola “San Jacinto Square.”

Ellos iniciaron el proyecto desplazando a los usuarios del transporte público que encontraban refugio del sol y hacían amistades temporales o duraderas con otros pasajeros en espera de los autobuses. Ya la central de camiones se encuentra alejada de la zona de la plaza que se pretende sea exclusivamente para el uso, vivienda, negocios y turismo de ricos. Ni pensar en que músicos y artesanos se instalen por algunos momentos en la plaza para compartir su arte –como sucede en las vibrantes ciudades y pueblos de Latinoamérica y Europa: veloces policías los acosan y expulsan para que no den “mal aspecto.”

Hoy, ya de por sí, funcionarios y negociantes han logrado convertir la plaza en un lugar sanitizado, desolado, sin vida. El siguiente golpe será desaparecer de su vista la escultura de Los Lagartos y con ella el testimonio de que un Chicano ha logrado conquistar el mundo con su arte desde el centro de El Paso.

 

JuárezDialoga invita para colaborar a Selfa Chew por su compromiso con la sociedad civil organizada, tanto de Ciudad Juárez como de El Paso, Texas. Ella es Doctora en Historia y Subdirectora del Departamento de Estudios Afroamericanos en la Universidad de Texas en El Paso. Es poeta y autora de Azogue en la Raíz, (Ediciones Eón, 2006) y Mudas las Garzas (Ediciones Eón, 2007)

 

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